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jueves, 16 de octubre de 2008

Good Bye, Bush!!


No voy a negar que la imagen tiene una intencionalidad manifiesta pero no se asusten, sólo es una foto cualquiera en un momento cualquiera del reinado de Bush II.
Aquellos que hayan podido disfrutar de Good Bye Lenin sabrán que se contextualiza temporalmente en el final de los días del sistema comunista de Alemania Oriental, y también en los primeros tiempos post-Telón de Acero. Un cambio de era. La película, magnífica.
El momento álgido, donde el título cobra sentido de manera muy gráfica, es la escena en la cual un helicóptero de las nuevas autoridades, que sobrevuela la ciudad de Berlín, porta una efigie de Lenin para su transporte a un lugar desconocido; con todo lo que esa imagen posee de carga simbólica.
El día en que George W. Bush deje de ser el hombre más poderoso de la Tierra, allá por Enero, también dará comienzo una etapa diferente sea quien sea el ganador de las elecciones presidenciales (será Obama según las encuestas y la lógica histórica).
Nadie transportará su estatua a ningún sitio ni será el final del capitalismo, pero posiblemente se empiecen a asentar las bases del futuro, de un nuevo capitalismo de rostro humano, si es que este puede tenerlo...
La etapa que se cierra está marcada por un profundo sentimiento de desencantamiento antiamericano en todo el mundo. La figura de este cowboy de los tiempos modernos estará ligada para siempre a la peor cara de los EEUU de Norteamérica que fue capaz, como país democratico y avanzado, de permitir que el inquilino de la Casa Blanca fuese alguien tan temerario, unilateral, con pocas luces y de actitudes dictatoriales e intolerantes.
Quedará unido por siempre al 11 de Septiembre y al desastre de Irak, Guantánamo, las torturas, los vuelos de la CIA y todo lo que de ominoso tienen sus ocho años de mandato. Pero este señor de chulescos andares no deja unicamente, como legado, dos guerras abiertas a las cuales no se les vislumbra fin.
Su etapa en el poder representa el cénit del fracaso de las políticas neoliberales y reaganianas tanto en el plano externo como interno, lo que indefectiblemenete obligará a su país a retroceder, en cuanto a la dinámica que venía sosteniendo durante las últimas décadas (con Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo).
Sus únicas actuaciones a considerar, y que podrían dar frutos positivos para los intereses occidentales en los próximos años, se encuentran precisamente en el ámbito dónde sistemáticamente parece haber llevado a cabo decisiones equivocadas: la política exterior. Resulta paradójico.
La alianza con la India (un dato geopolítico que marcará este siglo), la presión para evitar que Irán y Corea del Norte dispongan de un arsenal nuclear, o la actitud pragmática y condescendiente para con China son sus grandes bazas a la hora de escribir la Historia, a tales momentos. Aún así, tiene muchas más bazas en su contra, que le impulsarán en el hall of fame, y a tallar su cara en el Monte Rushmore de los nefastos Presidentes.
De ser Obama su sucesor, este tendrá mucho trabajo y ante las altísimas expectativas creadas, habría que tener los pies en la tierra y pensar que no todo lo que promete podrá ser realizable. Eso sí, el cambio se notará: en el plano interno supondrá una revolución en las relaciones del Gobierno Federal con el ciudadano y en la nueva economía verde que emergerá a medio plazo. El giro será socialdemócrata en lo social.
En el plano externo, siempre teniendo en cuenta las ansias expansionistas del imperio, habrá que restablecer alianzas y recuperar autoridad moral.
Europa será fácil de seducir. Caerá rendida a sus encantos, eso si, desde un nuevo tipo de relación. Sería de esperar que fuere en la línea del tú a tú, pero mantengo mis reservas, y se fundamentan en la trayectoria de los últimos años.
Si los latinoamericanos votasen, Obama arrasaría: se reformarán las intolerantes y criminalizadoras leyes de inmigración y la actitud será comprensiva con Cuba, dialogante con Venezuela y de colaboración con Brasil, como representantes de una nueva América del Sur, celosa de sus recursos y con potencialidades infinitas.
El problema más grave vendrá del Kremlin, con parada inevitable en Kiev debido a la posibilidad de que Ucrania ingrese en la OTAN.
No será fácil dar solución política y militar viable a Afganistán e Irak (con sus repercusiones en todo el tablero de Oriente Medio), y las relaciones con Israel (histórico aliado estratégico) pasarán por un momento difícil debido a la presión que se ejercerá, encaminada a desmantelar asentamientos judíos, en la búsqueda de una paz y una justicia duradera, que se reclama a gritos. Se harán esfuerzos en este sentido, pero los resultados son una incógnita que sólo el Mesías conoce.
Con Irán (y el mundo árabe en general) las cosas podrían apaciguarse si los halcones de ambos Estados Mayores lo permiten y, aún teniendo en cuenta que Obama es menos racista, menos capitalista y menos militarista que los republicanos, no deberíamos desestimar la opción bélica llegado el caso.
En los próximos años será inevitable reconocer el status mundial de China e India y su influencia. No sólo querrán tener la posibilidad de jugar fuerte y en igualdad de condiciones sino que, reclamarán poder fijar condiciones en el nuevo orden.
Posiblemente África continúe siendo la que se deje para el final, pero teniendo en cuenta que Obama tiene raíces keniatas, no es descabellado pensar que se modificará la sensibilidad respecto del continente negro. Incidir en las ventajas de la democracia (y alentarla de manera sincera y responsable) en detrimento de los gobiernos despóticos motivará a muchos jóvenes africanos a tratar de conseguirla para su país, a ser posible sin caer en un baño de sangre, como de costumbre.
Lo que se espera como cierto es que el cambio será fuerte, pero no drástico.
También que nos reiremos (de rabia, se entiende) menos, pero posiblemente, sonrriamos mejor.
Good bye, George!!!No lloraremos tu ausencia....,y esperemos que ninguna de tus hijas se presente a la presidencia....

miércoles, 3 de septiembre de 2008

¡Que vienen los rusos!





¿Cuántas veces habrá resonado en nuestros oídos semejante exclamación, producto del acervo e imaginario colectivo?. Lo cierto es que a día de hoy, parece más rabiosamente actual que nunca, debido a que los medios de comunicación y la propia agenda internacional no cesan de poner de manifiesto y de alertar reiterada y constantemente sobre la reaparición en escena de este gigante colosal.

Cabría responder: ¿Pero es que alguna vez se han ido?. ¿O han permanecido en letargo como los osos siberianos?

Hacer desde aquí valoraciones ponderadas y análisis acertados sobre tan volátil, confusa, controvertida y compleja materia como son las relaciones internacionales no es tarea fácil pero, en ocasiones, hemos de reflexionar sobre ello porque afecta de una manera u otra, y en última instancia, a la vida de cada uno de nosotros más de lo que estamos acostumbrados a pensar.

Las consecuencias de lo que se encuentra más o menos latente en el Cáucaso, y en otras zonas, serán graves y prolongadas en el tiempo y tendrán repercusiones imprevistas y directas en las vidas de todos nosotros porque además, no forma más que parte de un (ojalá fuese teatral) diseño estratégico para tiempo indefinido.

La realidad que hemos constatado en Agosto es que, pocos años después del desmoronamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y su subyugante sistema totalitario, su afán expansionista, etc..., y la consecuente desaparición de la política de bloques, reaparece en el tablero la dialéctica de la Guerra Fría y la amenaza de una escalada conflictual inconveniente.

El destino histórico del mundo había intentado ser telederigido y comenzar a configurarse como unipolar desde la caída del Muro de Berlín, bajo la batuta de la superpotencia y el resto de Occidente. Pero poco después de este impasse y no pocos abusos y muestras de falta de autoridad moral, vuelve con grandilocuente demostración de fuerza un viejo conocido que reta a la comunidad internacional a echar un pulso por la influencia geopolítica y geoeconómica: la Civilización de los Rusos, con tantos siglos de gloriosa, imperial y agridulce Historia a sus espaldas, y tantos y tan buenas (y malas) aportaciones a la especie humana: Tolstoi, una envidiable arquitectura y tendencias innovadoras, Dostoievsky, Gagarin, Lenin y Rasputín, Trotsky (¿a cuantos canes se les habrá llamado por el nombre del menos perro de todos?), Stalin (el georgiano) y otros terribles y temibles zares, las matrioskas, Molotov, Gorbachov, Putin y otros profesionales del amor....como la KGB. Ente vodka y vodka recuerdo a Boris Yeltsin.
En tierras de Rusia fracasaron Napoleón y Hitler y desde allí (hablando de perros) Laika y el Sputnik subieron al espacio exterior. Las Fuerzas Espaciales, Coheteriles, la Armada, las Fuerzas Terrestres y las Aerotransportadas forman parte de lo militarmente mejor preparado y potentente del orbe.
Parece que desde el otro lado del telón se le ha devuelto a Occidente la factura de lo ocurrido en Kósovo, haciendo una lecturada interesada y seguramente errónea por sesgada y haciendo, de paso, saltar por los aires lo poco que quedaba en pie de la arquitectura jurídica internacional. Nada menos que por parte de uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Dónde ha estado Ban Ki-Moon todos estos días?. Posiblemente en la luna con la Unión Europea que ni está, ni se le espera. No toca hablar de Irak ahora....
A la Federación Rusa le ha llevado exactamente 17 años reinstaurar el orden autocrático internamente, al hilo de la deplorable situación económica y endémica corrupción y con Vladimir Putin como gran valedor. Parece que ahora quiere imponerla de puertas hacia fuera. No creo que a China le agrade la situación...
Como a los pacientes chinos, personalmente, la situación me desagrada conociendo, aunque sea vagamente, la trayectoria histórica de inseguridad y sentimiento de frustración y humillación rusa. Es importante tener en cuenta que hay un pesado argumento en clave energética y de control de los recursos, pero hemos de ser conscientes en cuanto a que la coyuntura alcanza más allá y, aunque recelo de los catastrofismos, se pueden ver paralelismos entre lo que está aconteciendo y lo que dió comienzo al desencadenamiento de la I Guerra Mundial, donde se daba una situación de altísima interdependencia económica que, unida a las burocracias irresponsables ante los ciudadanos (que se confundían con las oligarquías financieras), produjo un cóctel explosivo (más dañino que los Molotov).
Aquí hay que pensar al revés que los chinos: que la Historia no se repite, que es lineal, y que enfrente Rusia tiene oponentes que parecen haber superado y llegar a aborrecen el uso de ese lenguaje, y prefieren encaminarse hacia la convivencia en diálogo, y la coexistencia pacífica. Un conflicto a gran escala no beneficiaría a nadie (perjudicaría excepcionalmente a todos) y de ello hay múltiples y demasiado cotidianas experiencias.
Y si nos cortan el gas, a la larga, saldrán perdiendo...De todas formas, más frío hace allí.